Arjen

Un misisipi, dos misisipi, tres misisipi, cuatro segundos corriendo. Comenzando el quinto recibe el balón y sigue. 

Lo toca con el pie derecho. Dos, tres. Uno. Frena. El arquero salió pero no debió hacerlo. El último defensa se quedó atrás. 

Gira hacia su derecha, con el balón pegado a él, como si no quisiera separarse, como si tuviera un imán en el pie. Un misisipi. Dos misisipi. Tres misisipi. Cuatro misisipi. El arquero corre desesperado, se resbala al final y queda tirado en el suelo con su camiseta fosforescente. 

Él sigue, como si estuviera solo, como si la cancha fuera diminuta, como si fuera un partido en un barrio, donde no hay que tener miedo. 

Abre los brazos. Uno. Planta con fuerza su pierna derecha. Dos. Nada más existe en el mundo. Zurdazo. Tres, el balón encuentra la red. Gol, Arjen, gol.

arjen

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