El cuento de la posverdad

El mundo está enloquecido con la palabra del año del diccionario Oxford. El exótico neologismo “post truth” ya acumula en Google 280´000.000 resultados, aproximadamente. En español (posverdad) apenas lleva 91.500. (Jejeje, “apenas”)

Los de Oxford dicen que la posverdad “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. ¿AH? Sí, los académicos acaban de decir que a la gente no le importan los hechos y que prefieren sus emociones.

Después de la gran revelación anual, todos le entran al juego, explicando que ese es el caso de Trump, del Brexit, de la política española, del NO del plebiscito; de un virus de 2016 que se ha tomado a toda la humanidad y que además se expande por culpa de internet, de las redes sociales. Gracias a Twitter y Facebook, la gente tomó esas decisiones.

Publican, escriben y repiten que estamos en la era de la posverdad, pero ¿es eso verdad?

Si uno echa para atrás, para atrás y para atrás siguiéndole la pista a la toma de decisiones con mentiras, puede llegar hasta Platón y todo su rollo con Protágoras y los sofistas. ¡Es una locura! Si usted busca en el diccionario “sofista”, le aparece que es alguien que se vale de razones o argumentos falsos con apariencia de verdad.

O sea que es un insulto.

Trump, Juan Carlos Vélez y Boris Johnson (el tipo más popular del Brexit), pueden ser señalados hoy como sofistas.

Pero mirando con atención algunos textos de Platón sobre estos temas, se puede llegar a dudar de sus verdaderas intenciones. En “Protágoras”, Sócrates es un personaje que insiste en que no se le puede enseñar a nadie la “virtud”, entendida por el sofista como la unidad de ser justo, piadoso, sensato.

Protágoras era un extranjero que había llegado a cobrar por sus clases de cultura del poder, de habilidad política y eso no le cayó bien a algunos locales (O sea Sócrates y sus compañeros). Si me preguntan mi opinión, Protágoras quería democratizar el conocimiento, los sofistas creían en la difusión del principio de isonomía, que no es otra cosa que la igualdad de todos ante la ley y entendían que a esto se llegaba enseñándole a los demás a entender el poder político.

Entonces todo esto parece más una campaña de desprestigio en su contra para mantener las posturas de Sócrates, Platón et al sobre la verdad, la sabiduría, la política y la realidad.

Y la historia los hizo ganadores, pues gracias a las manipulaciones discursivas, a la repetición de términos que están lejos de ser objetivos, los sofistas dejaron de ser vistos como sabios y ahora el simple término ya los presenta, en todos los diccionarios, en su primera acepción (inclusive el de Oxford) como charlatanes.

¿Qué hashtag usaría Platón (porque Sócrates no escribió una sola letra) para tirársele la imagen a Protágoras?

Pero quedarse en esa historia sería necio, lo mejor sería ver casos más actuales en los que la gente eligió basados en sus emociones y, sin la ayuda o potencia de las redes sociales.

Dejemos antes claro que Facebook fue fundado en 2004 y Twitter en 2006, así que, cualquier ejemplo antes de esto, es perfecto.

¿Cómo pudo Álvaro Uribe Vélez, pasar de un 22%* o 23** en la intención de voto en noviembre de 2001 a un  53%* o 39%** en febrero de 2002, a un 51%* o 47%** en abril de 2002 y a un 48%* o 49%** en mayo de 2002?

Si lo anterior se vio muy enredado, el resumen es que Uribe Vélez pasó en 6 meses de tener un 22% a un 48% de intención de voto (las cifras sobre su buena imagen son aún más altas).

Pero si lo vemos desde un panorama más amplio, no solo pasó que aumentó su popularidad e intención de votos en esos meses, también pasaron cosas como:

Atentado a Álvaro Uribe (mula bomba – noviembre 2001, Galapa).

Álvaro Uribe se aleja de la campaña de Serpa (que era la más popular, inclinada hacia la solución negociada con las FARC) y dice que hay que darle duro a los grupos ilegales y someterlos. (noviembre/diciembre 2001)

Crisis de negociación de Pastrana – FARC. Sí, Pastrana negoció con las FARC. (principios de enero 2002)

El presidente Pastrana llama a todos los candidatos a la presidencia y todos asisten, menos Álvaro Uribe.

Rompimiento negociación de Pastrana – FARC. Sí, Pastrana negoció con las FARC. (finales febrero 2002). Esto después del secuestro de Jorge Eduardo Gechem.

Secuestro Ingrid Betancourt y Clara Rojas. (febrero 2002)

Atentado a Álvaro Uribe (abril 2002, Barranquilla)

Secuestro diputados del Valle, Gobernador de Antioquia (abril 2002)

Masacre de Bojayá (mayo 2002)

Lo que siguió fue que a Álvaro Uribe lo eligieron en primera vuelta para la Presidencia de la República.

Quiero resaltar que no le estoy echando la culpa a Álvaro Uribe de sus atentados o de cualquier otro hecho que acabo de relatar (incluido el de su elección), lo que quiero es, mostrar como esos hechos, se unieron a su mensaje principal de campaña, que era básicamente ofrecer seguridad.

Sin contar que, hablar mal de las FARC que en ese momento tenían una imagen desfavorable del 95%, era un negocio redondo.

Expertos en marketing político explican que esto funciona igual que cuando usted habla mal de una persona desprestigiada, el efecto de esto es que se entienda que de manera natural usted tiene la razón, sin importar si lo que dice es o no, objetivo o cierto.

Así fue como “mano firme, corazón grande” le patió la lonchera a “un compromiso social por Colombia” bajo la promesa de eliminar a las FARC a punta de bala, sin el amarre a algún partido tradicional, yendo directamente a las regiones y escuchando la gente en los talleres (luego consejos) comunitarios de donde sacaba “insights” que le permitirían luego expresar mensajes EMOCIONALES aprovechándose del miedo, la inseguridad y la desesperanza que sentía la mayoría de colombianos en esa época y convirtiéndose, de un momento para otro, en el candidato ganador.

Las personas entonces tomaron una decisión desde sus creencias, sentires y alejándose de lo objetivo.

¿No les suena a posverdad?

A mí sí.

Si uno mira los hechos de una manera objetiva, podrá ver que, según el Registro Único de Víctimas (que es una herramienta con la que las víctimas del conflicto pueden dar a conocer su situación) cuando Andrés Pastrana fue presidente, se produjeron 2´221.717 víctimas y en los ocho años en los que Álvaro Uribe fue el salvador de Colombia, se produjeron 3´633.838. (Si uno suma las víctimas que se produjeron en los mandatos de ambos, da 5.855.555, el 70,13%. El total de víctimas registradas son 8.349.484). Imagen al final

Y hoy ellos son los que tienen el poder de decidir sobre qué es apropiado para acabar el conflicto armado, ellos que son dos fracasados en sus políticas y en sus gobiernos, se aprovechan de la vulnerabilidad de la gente, igual que como lo hicieron antes, sin redes sociales, viajando a las regiones, haciendo talleres, hablando en emisoras grandes y pequeñas, auxiliados por un gran número de periodistas incapaces de hacer su trabajo – por miedo o intereses económicos- llegándole a millones de personas que ni si quiera tienen una cuenta de Twitter o un perfil de Facebook, porque no es necesario un tuit o un post, si tiene el miedo. Y ellos sí que lo han sabido administrar.

Entonces ¿Seguimos haciéndole publicidad a los amigos de Oxford con el cuento de que la posverdad es algo novedoso y seguimos señalando a Twitter y Facebook o buscamos maneras de educarnos y educar para entender que los políticos no comenzaron a mentir este año y que las personas no comenzaron a votar de acuerdo con sus emociones hoy?

……

*Voz y Voto

**La Gran Encuesta

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2 pensamientos en “El cuento de la posverdad

  1. Creo que hay una suposición de fondo en todo el asunto de la posverdad y es que hay una cosa tal como “la verdad”, saber si la verdad existe, si tiene sentido o si es práctico creer que existe, ha sido uno de los grandes debates filosóficos de occidente, pues la verdad está a la base de la definición misma de filosofía: el que siente amor (inclinación, filia) por la verdad, por el conocimiento -suponiendo que estos términos pueden hacerse equivalentes- y que seguramente está presente en la popular tensión entre Platón y los sofistas, pues el primero sí estaba convencido de que existía la verdad y de que esta era quizás de acceso privilegiado a algunos pocos (los filósofos, por supuesto), mientras que los sofistas creían que eso se podía enseñar y que además se podía cobrar por esa tarea (lo que tu llamas ingenuamente “democratizar el conocimiento” y que a mí me suena más a “monetizar” para ponerlo en términos actuales).

    Me parece un poco descuidada la descripción que haces de esa tensión en tu post, pero más que descuidada creo que cae un poco en presentarla en términos maniqueos: Platón y Sócrates (quienes son los “malos” de tu historia) desprestigian a Protágoras (el “bueno” de tu historia) y al final salen triunfadores pues han logrado que la tradición entera pase de considerar a unos “señores sabios” como los que presentan mentiras con apariencia de verdad. ¡Unos señores sabios son desprestigiados por señores que se creen sabios! (¿en dónde he escuchado esto antes?)

    Me parece más descuidado aún el tratamiento de otra tensión muy importante y que es casi el corazón de la toda la filosofía socrática (al menos de la que nos pintó Platón en sus diálogos) y es “¿se puede o no enseñar la virtud?”, creo que ese era en realidad la cuestión entre Platón y los sofistas, y es la pregunta sobre la que vuelve una y otra vez Platón a través de Sócrates en los denominados “diálogos socráticos”.

    Para finalizar creo que tanto Protágoras como Platón se creían en posesión de la verdad y cada cual a su modo quería usarla con pretensiones de poder (¿para qué otra cosa han servido la verdad y conceptos como “bien y mal” si no para ser usados como instrumento de poder sobre otros?) solo que el uno se creía tocado por la divinidad y muy diferentito a los demás y el otro, el otro era un mercachifle que vio en eso lo que hoy llamamos “una oportunidad de negocio”. Dos señores tercos convencidos de tener la verdad, cada cual por allá con ganas de manipular a otros al servicio de sus propios intereses. Ya no más historias de buenos y malos por favor, yo creo que por ahí empieza es que puede empezar el desmonte de “la posverdad”.

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  2. Aleyda, gracias por el comentario.
    Está muy bueno el análisis que hace y además me hace revisar y hacerme preguntas sobre lo escrito. De todas formas sí quisiera precisar un par de cosas, lo primero es que esto no es una discusión meramente filosófica; estoy de acuerdo en eso que dice que Protágoras y Platón creían que su discurso era el “correcto” -para no amarrarlo al término de “verdad” que era el que usaba el segundo- y que con eso pretendían tener poder.

    Ahora, considero que no pongo a Protágoras como “bueno” y al resto como “malo”. Cuando digo que Platón y Sócrates ganaron, tiene que ver con que a ellos se les reconoce como filósofos, mientras que el término “sofista” terminó convertido en un insulto. Eso me parece un triunfo notable de un discurso sobre otro.

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